Columna de opinión

13/04/2012

La obsesión por los objetos tecnológicos: reflexiones sobre el SIMCE TIC

Por Claudio Gutiérrez, Profesor del Departamento de Ciencias de la Computación, FCFM, Universidad de Chile.
 

La obsesión por los objetos tecnológicos: reflexiones sobre el SIMCE TIC

Columna publicada en el portal Terra el 10 de abril de 2012.

Un nuevo instrumento, ahora para las TIC en la enseñanza media, se ha venido a agregar a la batería de métricas para evaluar a nuestros ya atribulados escolares. El Simce TIC es una evaluación que comenzó a aplicarse en 2011, para “determinar el nivel de desarrollo de las Habilidades TIC para el Aprendizaje”. Se rinde íntegramente en un computador, en “un software que simula un escritorio virtual en el que los estudiantes disponen de las aplicaciones más utilizadas, como procesador de texto, hoja de cálculo, navegador de Internet y herramientas web como el correo electrónico”. Este instrumento es una “simulación de un chat entre el estudiante evaluado y tres amigos virtuales”.

Los resultados de la evaluación, según sus autores, indicarían que los jóvenes chilenos andan reguleque en esta materia. El resultado por nivel socioeconómico muestra que el grueso (73%) de los estudiantes de hogares pobres está en el grupo inicial (básico) y sólo el 27% en el intermedio; mientras que en el grupo de hogares ricos es a la inversa: el 8,5% está en el incial y el 75 % en el intermedio hacia arriba. Aunque los datos por comuna no están publicados, no es arriesgado predecir que los estudiantes de la comuna de Vitacura están mayoritariamente en el nivel avanzado y los de La Pintana en el inicial, y que los jóvenes de las comunas cota mil de Santiago aparecen con más habilidades TIC que los de Aysén. Nada de esto es sorpresa: los dirigentes estudiantiles el 2011 ya nos habían “soplado” que en Chile la geografía y el nivel socioeconómico son excelentes predictores de los logros educacionales.

Pero vamos a lo que me motivó a comentar este test : la concepción de las relaciones entre tecnología y cultura que subyacen a su formulación. Aparece aquí una línea de pensamiento que insiste en identificar tecnología con objetos tecnológicos. En vez de aburrir con áridos conceptos, sugiero al lector buscar una ilustración de esto en las páginas de “tecnología” de cualquiera de los dos diarios del duopolio de la prensa chilena. Similar a los folletos de propaganda de una gran multitienda, la “tecnología” es entendida como una muestra de las tendencias (“lo que se lleva”) de los últimos gadgets y chiches para los hombres (a sus mujeres les dedican las páginas de la moda y el hogar). Nada importan sus bases científicas, sus procesos de diseño y construcción, el sistema educacional que los soporta, sus industrias y sus técnicos. Nada. Sólo importa el producto final que se consume.

El test pretende medir habilidades en tres dimensiones: Información, Comunicación y Ética e Impacto social. La obsesión por los objetos tecnológicos lleva a personificar en un computador habilidades tan antiguas e independientes de él, como definir información que se necesita, buscar información, seleccionarla, y evaluarla (cómo se nota el rol subalterno con que se concibe en Chile a los profesionales en sistemas de información o bibliotecólogos). Lo mismo ocurre con otro grupo de habilidades, como integrar, comprender, analizar y representar información. En las pocas ocasiones en que aparece relevante la inclusión de tecnologías digitales, éstas se asocian con un computador de escritorio, y con un sesgo en herramientas (algunas incluso pasadas de moda). Así se cree que una planilla de cálculo reemplaza conocimientos de estadística; que buscar información es someterse a los dictados de las grandes empresas de búsqueda (como Google), asociando búsqueda de información con “búsqueda por palabra”; que transmitir y comunicar información es saber usar power point y otras herramientas al estilo. Al menos los autores del test no están solos: muchos gerentes y políticos aún asocian TICs con Ofimática.

Pero esto no es todo. Donde el test llega a límites inaceptables es en la dimensión “Etica e Impacto Social”, que evalúa la habilidad de “hacer uso responsable de las TIC”. Una de sus definiciones operacionales es (copio textual): “Seguir normas básicas de cuidado y seguridad en el uso del computador y de la información que utiliza en éste (por ejemplo, usa antivirus y lo actualiza periódicamente, no descarga software ilegales, no descarga correos electrónicos con archivos adjuntos de desconocidos, no abre correos de remitentes desconocidos, elabora claves de acceso complejas, las mantiene bajo resguardo, reconoce cuando entra a un sitio seguro)”. ¿Sabrán los autores de este test que el uso de antivirus es producto del uso de sistemas operativos de mala calidad? ¿Que un sistema operativo bien diseñado –por ejemplo Linux– no necesita antivirus? ¿Sabrán que la “actualización periódica” como negocio es una práctica que bordea la inmoralidad (como la “actualización” de textos escolares cada año)? ¿Sabrán los promotores de este test que un sistema operativo decente permite descargar cualquier archivo? Pero es en los temas éticos donde se muestra la ideología del test: ¿por qué asociar la ética con la aceptación acrítica de presiones de grandes industrias culturales? ¿Evaluaría un profesor la capacidad de leer de un niño preguntándole por su habilidad para no usar libros fotocopiados? ¿Hay alguna preocupación por evaluar el conocimiento que tienen los jóvenes de sus derechos a la privacidad de sus datos, los peligros de las transferencias de sus derechos a las grandes compañías, los alcances de “aceptar” una “licencia”? ¿Alguna noción sobre la diferencia entre información abierta y comercial?

La iniciativa de evaluar las habilidades de los jóvenes en las TIC es importante. Y en esa dirección es muy relevante entender qué son las TIC, por oposición a objetos tecnológicos. La obsesión por estos últimos, junto al menosprecio por la tecnología, sus procesos y las personas que la desarrollan, y sus relaciones con la sociedad, es probablemente una de las características del subdesarrollo. Los tests no sólo miden a la población a la que se les aplica; miden también –y a veces de mejor manera– a sus autores. El Simce de TIC parece no ser una excepción.

Por Claudio Gutiérrez, Profesor del Departamento de Ciencias de la Computación, FCFM, Universidad de Chile.