Columna de opinión

25/03/2011

Una mirada desde el DII

Prof. Ronald Fischer, académico Departamento Ingeniería Industrial
 

Una mirada desde el DII

Contra lo que parece la opinión generalizada en los medios, tengo la impresión que es posible que el accidente en la planta nuclear de Fukushima sea un argumento a favor de la energía nuclear. Recordemos lo que sucedió: un terremoto de intensidad mucho mayor que la concebida por quienes planearon la planta, el que no provocó daños; estos fueron producto del tsunami. La central usaba una tecnología anticuada y hace poco estuvo a punto de ser dada de baja, debido a que había cumplido su ciclo. TEPCO, el operador de la planta, tiene mala reputación por esconder información sobre problemas en las centrales nucleares y ha sido incompetente desde que ocurrió el terremoto (salvo por usar agua salada para enfriar los reactores). Pese a estas ‘chambonadas’, no ha habido víctimas. El aumento en los niveles de radiactividad tampoco podría causarlas salvo, tal vez, en el largo plazo para los trabajadores más expuestos. Se ha perdido la inversión en la planta y los japoneses, exagerando las precauciones, pararon todas las plantas nucleares y se quedaron sin energía, pero eso fue un error del gobierno y no un problema de las centrales.

El temor a las centrales es producto del desastre de Chernobyl, mucho más peligroso que el de Fukushima – incluso en el peor escenario -, dadas sus diferentes tecnologías. Pero incluso en Chernobyl se estima que el número de muertes adicionales por cáncer, en el muy largo plazo, sería – a lo más – 4.000 de los 600.000 individuos directamente afectados por Chernobyl y, muy hipotéticamente, otras 5.000 muertes por cáncer adicionales entre los 6 millones de personas en otras áreas contaminadas (Informe OMS de 2006)

Este número debe contrastarse con las muertes que produce el calentamiento global, debido al uso de combustibles fósiles que modifican el clima y aumentan la frecuencia de sequías y huracanes. Además, las actuales centrales nucleares son más seguras que las construidas hace 40 años y existen tecnologías intrínsecamente más seguras (CANDU, pebble bed y otras) que la de agua presurizada de Fukushima.

Dado que los problemas de seguridad de las centrales nucleares no son tan graves como lo asume la prensa, se puede analizar la conveniencia de la energía nuclear para Chile. Somos un país de ingresos medios-altos, pero para poder llegar al desarrollo necesitamos disponer de energía, y que ésta no sea prohibitivamente cara. Poseemos abundantes fuentes de ella, pero es difícil utilizarlas, por lo que en su reemplazo debemos sobreutilizar diesel, el cual es contaminante y caro. Una fuente de energía barata y no contaminante (salvo visualmente) es la hidroelectricidad, pero presiones ambientalistas impiden aprovecharla, exagerando sus problemas y negando sus beneficios.

Las Energías Renovables No Convencionales (ERNC) son atractivas, pero a menudo demasiado caras con las tecnologías actuales y, de todas formas, también requieren líneas de transmisión que afean el paisaje. Es probable que en algunos años la geotermia se transforme en un recurso importante, pero es difícil pensar que en los próximos 20 años pueda responder al incremento en la demanda de energía. Las centrales minihidro son atractivas y competitivas, pero su potencial es limitado y sólo pueden ser un complemento de otras fuentes de energía. La energía eólica es demasiado cara, debido a la necesidad de respaldo, y necesita subsidios para sobrevivir. Algo similar ocurre con la energía solar, aunque nuestro potencial es tan importante en el norte, que si la tecnología mejorara y los costos bajaran, podría ser nuestra gran fuente de energía limpia.

En este escenario sólo sobreviven dos alternativas: carbón y nuclear, que pueden responder a la demanda por energía segura y de bajo costo. El problema es que las centrales de carbón emiten gases invernadero y otros contaminantes e incluso más material radiactivo que una central nuclear, en condiciones normales. En el futuro mediano no queda más que desarrollar centrales a carbón, debido a que no se ha podido desarrollar la hidroelectricidad, la cual podría competirle sin sus efectos ambientales. Más a futuro, en tanto, si no hay mejoras tecnológicas suficientes en energía solar o geotérmica, la alternativa de menor impacto ambiental y de menor costo podría ser la energía nuclear. No se debe descartar esta opción por temores infundados, ya que la única manera de acabar con la pobreza y alcanzar el desarrollo es que nuestras empresas puedan competir en el mundo. Y para ello necesitan que la energía que utilizan no sea mucho más cara que la de otros países.