Columna de opinión

03/06/2011

Universidades estatales, ¿para qué?

José Miguel Piquer G. / Académico Departamento de Ciencias de la Computación y Senador Universitario U. de Chile.
 

Universidades estatales, ¿para qué?

Señor Director:

El sistema universitario completo se ha ido privatizando cada vez más, lo que ha permitido un enorme aumento en la cobertura, sin incrementar el gasto público.

Por su parte, también las universidades estatales se han ido privatizando: han ido cobrando matrículas cada vez más altas, deben competir por fondos abiertos para financiar la investigación y deben buscar inversión privada en proyectos rentables. Chile es uno de los ejemplos más agresivos en el mundo en esta vía hacia la privatización y, junto a Corea del Sur, son los únicos casos en que la enorme mayoría de los costos de la educación superior recae en las familias, con muy poco apoyo de subsidios estatales.

En estos días el país discute una reforma a la educación superior que busca continuar por esta misma vía: hacer que las universidades tradicionales y las privadas nuevas sean iguales (o al menos más iguales que antes), y tengan acceso a los mismos subsidios. Ese escenario va borrando las diferencias entre universidades estatales y privadas. Por ello, es relevante la pregunta: ¿para qué tenemos universidades estatales?

Los países necesitan universidades estatales para garantizar una voz académica, total y completamente independiente, que difunda el conocimiento que en ellas se cultiva. Aunque a veces lo olvidan, los gobiernos y las empresas necesitan un lugar donde poder acudir con preguntas difíciles y tener garantías de que la respuesta será técnica y veraz, independientemente de ser políticamente correcta o no, y libre de conflictos de interés. Sólo una universidad estatal y autónoma puede satisfacer ese requerimiento.

La diferencia que garantiza la independencia y la libertad académica de una universidad estatal es un financiamiento estatal de base garantizado y una total autonomía en su ejecución presupuestaria. Eso le obliga a cumplir una misión pública: ayudar al país a desarrollarse, rindiendo a la comunidad el fruto de sus acciones, tanto en docencia como en investigación y extensión.

Por esto es que el concepto de universidad estatal autofinanciada es un absurdo, una contradicción en sí. Y por eso es que nuestro sistema estatal de universidades está prácticamente destruido y cada vez cumple menos su rol independiente.

Académico Departamento de Ciencias de la Computación y Senador Universitario U. de Chile.